Espera
- 8 sept 2016
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Un saxo dentro de su estuche completamente vacío yace en el medio de la sala. Precisamente en el suelo de madera antiguo que está cubierto por una capa de polvo gruesa. No hay marcas, ni huellas; signo de que nada ni nadie ha pasado por allí en mucho tiempo. De los agujeros que hay en las sábanas que tapan los ventanales entran rayos de luz que se reflejan en el saxo. La habitación es algo oscura y éstos formas figuras extrañas en las paredes descuidadas y llenas de humedad. El olor a encierro es agobiante. El silencio es absoluto. Toda la habitación está avejentada. No hay más que una sensación de total abandono. No hay rastros de vida aparentes. Salvo en ese saxo que al igual que su estuche de interior de terciopelo azul oscuro no presenta ni un gramo de polvo en su superficie; como si pulcro, intacto al paso del tiempo, esperara que alguien lo rescate de ese lugar.


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